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sábado, 16 de diciembre de 2017
LA ESCUELA: UN LUGAR PARA LA PAZ
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- Por: Ricardo Castro
Saludo del Director a la Comunidad Educativa del Colegio 2017/2018

 

 

 

Como todos los años, quiero aprovechar este espacio para haceros llegar unas palabras a todo el colectivo, pero en esta ocasión no puedo por menos que contextualizar este inicio de curso dentro de los sucesos ocurridos en Paris la semana pasada.

 

No es  mi propósito descifrar las causas del atentado, ni explicar las razones por las cuales un ser humano decide sobre la vida de las personas, sino más bien mostrar a todos que solamente una escuela libre, plural, respetuosa y tolerante puede lograr que no vuelvan a repetirse hechos tan dramáticos como los que estamos viviendo estos días en Europa y en Oriente próximo.

 

Pienso que la comunidad internacional no debe llevar a Asia sus aviones de caza cargados de muerte, sino escuelas con las que sus habitantes puedan renunciar libremente a ser enrolados en un ejército asesino, centros de salud donde las madres puedan sanar a sus hijos, bibliotecas bien dotadas de libros con los que los jóvenes puedan soñar un mundo mejor, más justo y en paz.  Dijo el célebre poeta Gabriel Celaya que “la poesía es un arma cargada de futuro”, y donde decimos poesía, decimos escuela, decimos saber.

 

Es en el caldo de cultivo de la ignorancia donde crecen los fanatismos. Ahora bien, no sólo es ignorancia la ausencia de saber, ignorancia también es la confusión a la que estamos sometidos con frecuencia en las sociedades desarrolladas donde fluye también el fanático pensamiento único. A menudo suele pensarse que siempre es el otro quien está confundido, siempre es el otro el fanático, siempre es al otro al que hay que “salvar” de su craso error en el que vive. Todos tenemos el deber de renunciar a lo excesivo, a lo extremo, a la intolerancia y a la intransigencia.

 

La escuela es el pequeño universo donde podemos convivir individuos de distinta condición social, personas de distintas nacionalidades con culturas y tradiciones diferentes. La escuela no separa, la escuela une; porque el saber une, porque la música, las matemáticas o el arte unen y en la escuela aprendemos a saber lo que está bien y lo que no lo está, aprendemos a ser asertivos, aprendemos a no dejarnos llevar por una tendencia pasajera o por una ideología restrictiva.

 

Por todo esto, reclamo el poder de la escuela como el principal recurso de paz. Y cuando digo escuela estoy pensando en el alumno que todas las tardes hace sus tareas, estoy pensando en el padre o la madre que se sienta con su hijo para ayudarle a resolver un problema o que lo escucha y se interesa por lo que le preocupa, por la música que oye o los amigos que tiene; estoy pensando en el profesor proactivo que piensa de qué manera enseñar mejor a sus alumnos. Y cuando digo paz estoy pensando sin duda en la pacífica convivencia de todos los que integramos un centro educativo, estoy pensando en la cordial respuesta, en la sonrisa cómplice, en la ayuda desinteresada; pero también y sobre todo estoy pensando en la paz de lo cotidiano, en la paz de los hogares, en la paz de las palabras, de las miradas y los gestos, en la paz de los lenguajes corporales, de las respuesta sinceras, en el sosiego del alma, en la paz de cada uno, que es la paz más necesaria.

 

Os deseo de corazón un feliz curso para todos.

 

 

 

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